Al tercer día resucitó, la tentación de rendirse
Al tercer día resucitó, la tentación de rendirse
Muchas veces en la vida tenemos crisis. Momentos de duda, momentos de debilidad, de flaqueza o enfermedad. Momentos de gran pesar, pocas alegrías.
La vida es una constante lucha hacia adelante. Hay que perseverar, nos dicen, porque al final el fracasado no es una opción. No nos lo permiten.
Cuando no nos salen bien las cosas nos deprimimos. Y hay personas que sufren terriblemente y se hayan incapacitadas. Y la sociedad se lava las manos.
Aquí sólo somos números para una dictadura que sólo ve esclavos idiotas.
Así ha sido la humanidad casi siempre. Todas aquellas grandes naciones,
como Roma, basadas en la fuerza militar y la fuerza del trabajo forzado.
En América los Aztecas, en Asia diversas naciones, en África, etcétera.
Después el islam con su larga tradición de esclavitud a otros pueblos ocupados.
El gran imperio británico, y sus grandes traslados de esclavos negros.
La hipocresía que tenemos que vivir ahora, tras cierta humanización,
que nos digan que "aquellos" eran mejores que los referentes del cristianismo.
Cristo nació en medio de la servidumbre de Israel en Roma. Tiempos oscuros.
Él eligió a los apóstoles, incluido al hijo de la perdición, Judas Iscariote,
por quién había de cumplirse las escrituras y acabar siendo crucificado.
Sabiendo todo lo que acontecía, improvisó en la última cena el lavatorio de pies.
Se humilló como esclavo lavando los pies a sus apóstoles, desconcertados.
Y entendieron el sacrificio y humildad que habría de tener el nuevo sacerdocio.
Un nuevo mandamiento nos dio, amaros los unos a los otros.
Al tercer día resucitó, la tentación de rendirse.
¡Cuántas veces quisiéramos tirar la toalla! En medio de un combate vital.
Siempre tenemos en juego nuestra vida, a veces se reduce a lo monetario.
Otras veces no nos damos cuenta de que nuestra alma está en riesgo.
Perdernos en lo mundano es morir en vida, rendirnos ante la tentación.
Y tanto es peor cuando estamos solos, pues no nos importa nada fuera;
pero cuando tenemos quienes dependan de nosotros, estamos siervos.
Siervos a la tiranía institucional del gobierno, no se puede huir con hijos.
Al tercer día resucitó, la tentación de rendirse.
Cristo pasó toda su vida en la tierra luchando, fue perseguido como lo fueron todos los profetas del Antiguo Testamento, y como después serían perseguidos muchos cristianos. Y muchos que sin serlo, defienden la verdad y la justicia.
Él fue tentado al comienzo, y al final, de su peregrinación por este mundo.
Habría querido que el Padre Celestial hubiera apartado el cáliz de fuego,
esa gran prueba final que iba a ser su muerte y resurrección, temida,
que todo hubiese transcurrido de otra manera menos dolorosa.
Al tercer día resucitó, la tentación de rendirse.
Pero él sabía que venía al mundo a dar testimonio de la palabra de Dios,
y que siendo el mundo un lugar en donde se mataban a los hijos de la luz,
habría de enfrentar su ejecución a manos de ese pueblo ciego y malvado.
Tanto entonces lo era, como ahora. La fe en el judaísmo, convertida en poder.
Castas que sólo pensaban en servir a lo mundano, y al final sirven al mal.
Un pueblo que moría desamparado por la jerarquía de sus pontífices religiosos.
Dios nunca nos abandonó, ni a ellos, a pesar de sus ofensas, serían salvos.
Al tercer día resucitó, la tentación de rendirse.
Pero esa salvación no vendría a base de revoluciones, ni mañas ni leyendas,
en donde los judíos pintaban un relato de un rey liberador militar frente a Roma.
Roma tenía un poder militar comparable a los EEUU. No había super-armamentos.
Las armas eran similares, pero su organización estaba muy por encima.
Cristo les anunció que Jerusalén sería cercada y destruida. Y así fue.
Sólo les quedó el Muro de las Lamentaciones, tras muchos años de guerras.
Aquellos fanáticos belicistas que lanzaron a su pueblo a la masacre. Como ahora.
Al tercer día resucitó, la tentación de rendirse.
Nos someten ahogados en la monotonía del mundo ruidoso sin alma.
Presumimos de bienes vacíos, de vivencias y postureos diversos, de aprendizaje.
Pero en este mundo está prohibido confesarse cristiano, vivir la fe, amar.
Los poderosos compran con vicios las almas de la gente, y nadie es feliz.
Creen ser felices hasta que desaparece el bienestar. Mundo material.
Y tarde y mal se doctoran en técnicas orientales y terapias de vacío mental.
Y así nos tientan a rendirnos en vida, postrándonos a muerte en alma.
Al tercer día resucitó, la tentación de rendirse.
Él que existía desde el principio junto a Dios, su hijo primogénito.
Se humilló, y siempre se humilló en la tierra, sin pretender ser más que nadie.
Y sufrió dolor en lo más profundo, sin caer en la tentación de doblegarse.
Nos sobran tantas soberbias y egos, que cuando entran en coincidente razón,
cuando por casualidad la verdad conecta con sus adivinanzas, o más bien,
a toro pasado presumimos de listos y certeros en algo pasado negado a injurias.
¡Cuánta humildad nos falta! Para lo poco que somos, divinidad se humilló más.
Vive, ama y piensa, desde lo más humilde de tu ser como Cristo nos enseñó. Sé Somos semilla que ha de germinar, y por ello sacrificio debe para salvación.
Vive para el amor, vive para el prójimo. Vive como amó Cristo a todos.
Incluso a quienes nunca le quisieron bien. El bien sólo sabe de perdón y amor.
El Padre celestial sufre por toda alma que cae en perdición, porque Él no borra.
La muerte es la negación a Dios; vive quien negando todo, se aferra sólo a Él.
Todo el cielo espera por cada uno de nosotros que llegamos a vernos juntos.
Esperamos que estos sean días de recogimiento, reflexión, conexión con Cristo.
No son días de vacaciones, al menos para los que tenemos fe.
Cristo vencerá siempre, como cada año celebramos, a la muerte, por todos.
Por cada uno de nosotros. Feliz Semana Santa.
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