Una navidad diferente

Una Navidad diferente.

Bueno, llegados a este punto, todos pensamos en las mismas costumbres.
Los adornos navideños que pueblan nuestras calles, como si fuera Las Vegas.
Largas listas de compras, consumismo barato y cansino (quien puede claro).
Planificación de dónde pasaremos los días, las noches, de celebración.
Qué comeremos. Qué haremos, en general, como si ahí se acabara todo.

Pocas personas se paran a pensar siquiera lo acontecido durante el año.
Ni siquiera piensan en el sentido de todo esto. Han vaciado sus vidas de ello.
Cuando hace ya más de dos milenios, la historia muy diferente. Pobreza.
Un mundo sin esperanza que buscaba un nuevo despertar. Alguien venía.
Pocos lo veían, como ahora. Y quien lo lograba, vio algo diferente y especial.

Una Navidad diferente. Un momento de amor y emoción, y de recordar.
Todos los años se producen milagros, vienen criaturas en condiciones precarias.
En una ocasión un matrimonio buscaba cobijo para pasar la noche. 
Nadie tenía un hueco. Un humilde pesebre es todo lo que un señor les ofreció.
Fue algo que ocurrió incluso hace unas décadas, aunque parezca mentira.

Y así cuando pasan historias que dejan en vergüenza a los medios, callan.
Nadie quiere reconocer que falló. Ahora recurso fácil, eliminamos el concepto.
Concepto de error, mal o fallo. Y nos creemos que todos acabaremos igual. 
El bien existe tanto como hay fuerzas que construyen y destruyen. Sólo una crea.
Y sólo en Él debemos creer y temer. El resto carecen de poder real. Muerte.

Nueva vida. Y así nace de nuevo. Por encima de quienes no quieren creer.
Por encima de quienes creen. Supera lo imposible, y enamora a los puros.
Hace dos milenios nació Cristo, el Hijo de Dios se hizo carne, entre nosotros.
Murió y resucitó por nosotros. Para la salvación futura del alma, no terrenal.
Los que lo juzguen con los ojos del mundo, no creen en nada y perecerán.

No es objeto de ideologías, ni de ataques ni manipulación. No es objeto de nada.
No lo uséis para comparar la Iglesia con la diáspora falsa de su época.
No era un revolucionario ni político. Lo de este mundo sólo pertenece al mal.
Porque es un mundo de gente de mente débil, ambiciones y muerte.
Su vida fue para sacarnos de aquí. Y la Iglesia debe seguir sólo para ello.

Otoño de penas y pérdidas, frustraciones, deja paso a un invierno sombrío.
Sólo nos queda esta esperanza del que vuelve a venir cada año.
Por delante nos espera otro desierto difícil que amenaza con enterrarnos.
Las tentaciones fáciles, trampas del mundo para incautos. Consumismo.
La vida fácil, cebo para débiles, sin guía ni luz, sin inteligencia. Comunismo.

Pidamos a Dios abiertamente por tener fe. Que no nos arruguen las críticas.
La gente va y viene sin cabeza, creyéndose mejores. En la humildad, virtud.
El casto es bueno pues no aspira nada de nadie. El que vive del estado,
subyugado a la tiranía ideológica, queda vacío de todo pues nada ganó por sí.
Aquellos sólo viven del rebaño, y el bueno aspira a vivir fuera de todo.

Feliz Navidad a todos. Bendiciones.




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