Orgullo sin honra

Orgullo sin honra

Antaño orgullo tenía una sorna peyorativa. El orgulloso era un ser despreciable,
en una sociedad claro está con valores claros, que no es la actual.
Sin embargo sentir orgullo de alguien es algo bueno y deseable.
¿Qué padre no presume de sus hijos o quisiera hacerlo? Cuando hay motivos.

Hay dos definiciones en el diccionario sobre el orgullo (por si las dudas):
    1.Exceso de estimación hacia uno mismo y hacia los propios méritos por los cuales la persona se cree superior a los demás.
    2.Sentimiento de satisfacción hacia algo propio o cercano a uno que se considera meritorio.

En estos tiempos cualquiera se cree con derecho a todo, sin merecerlo.

Mal me está mencionar a personajes o grupos políticos concretos,
pero en esta ocasión para situarnos obligado y preciso nos es. En España.
El partido popular, ese que hace no tanto llamaban "fascista" los "demócratas",
fue el primero quien realmente regularizó las uniones de parejas del mismo sexo.

Luego vinieron las huestes socialistas a seguir la agenda globalista, nada más.
Pues en honor a la verdad el socialista medio es un tabernario recalcitrante.
Fue en ese país en donde se creen "los elegidos de Dios", donde se forjó,
tanto la persecución criminal policial como las aberrantes leyes liberticidas.
Si, esa gran nación de emigrantes, sin historia, pero que domina el mundo.

Y es que la excusa eterna para toda reivindicación fue la eterna persecución.
Al igual que con las razas, los anglosajones imponían a la fuerza su ego,
para después liderar extrañas vueltas de tuerca. Del armario al orgullo.
Y poco a poco los grandes poderes económicos fueron interviniendo a favor.
Se concedió un día, luego fue una semana, ya son meses incluso. Compensación.

A medida que fueron ganando poder fueron perdiendo fuerza, olvidando razón.
Los mismos que pedían libertad y reivindicaciones, perseguidos por la "sociedad",
hoy en día no son más que una red de chiringuitos con dinero público,
y son quienes ordenan lo que la sociedad ha de pensar al más estilo orwelliano.
El ministerio de la verdad, tan poco fiel a su nombre. La verdad se inventa.

Vacío de contenido, de valores y de sentido, la supuesta lucha deja a todos fuera.
Los que están dentro, porque ya no son más que mercenarios a sueldo.
A quienes dicen defender, porque no existe su propia opinión, más aún si son,
como ocurre más de lo que imaginan, de ideologías cada vez más opuestas.
El resto, porque estarán criminalizados por no ser del grupo minoritario.

Otro gran caballo de Troya en aras del objetivo masónico de manipulación,
y reducción de población en nombre de la supervivencia del planeta.
Lo cual además de falsario es contraproducente para todos.
Cuantos menos seamos, menos riqueza y peor supervivencia tendremos.
Pero esto es lo que las élites siguen financiando. ¿Hasta cuándo?







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