Lágrimas en el desierto
Lágrimas en el desierto
Pasa el verano, época de disfrutar y descansar,
pero por desgracia hay personas que siguen sufriendo.
En la lucha continua por sobrevivir, que no sabe de vacaciones.
No conoce de descanso ni tregua, y cada vez pone más dura la vida.
El calor evoca las peores sensaciones de malestar cuando se tiene sed,
sed de justicia y de necesidad en un mundo cada vez más vacío.
Así pues caminamos por un largo desierto, y nuestra voz menos lejos va.
Las fuerzas se agotan, perdemos la fe, derramamos lágrimas de sudor.
Lágrimas en el desierto. En un páramo infinito de frustraciones.
Rodeado de miedo y falsas apariencias, falsas amistades.
De buitres que horadan en la salvación de otros para su interés,
cobrando tributo de enfermedad con cómplices ciegos.
En un ambiente cargado de enfermedad casa mal el interés para la vida.
Es un interés que sólo trae desgracia para la mayoría, regadas en mentiras,
para ocultar el daño en un baño de soberbia y fanatismo de masas.
Pocos quieren y tienen valor de huir del mal, y muchos no lo lograrán ver.
Lágrimas en el desierto, no sirven ni para regar de vida el suelo,
infértil y vacío de sustancia, sólo permite contemplar las huellas que dejamos.
Huellas que el tiempo y el viento borran, huellas, personas que se van.
Personas queridas que jamás volverán, robadas por el mundo cruel.
Siempre tenemos la tentación de huir, o de hundirnos en la miseria del recuerdo.
Habemos de evitar tales tentaciones, y seguir nuestro camino sin vacilar,
sin quitar recuerdo ni desesperar. Todo lo pasado queda de lección.
El recuerdo es siempre la raíz de nuestro presente. El futuro es fantasía.
Lágrimas en el desierto, de quienes sufren y sufrirán las secuelas de guerras,
provocadas por meros afanes especulativos económicos, bajo la mentira,
de vanos orgullos extranacionales que no son más que alimento de las élites.
Cada nación, su gente, su ley, su cultura y su ser. Fuera de ahí no existe nación.
Hay que seguir en la lucha, pese al rocío que cubre el suelo al pisar,
pese a todas las penas de la vida que tenemos.
Porque otra vida aquí no tendremos.

Pocos tienen el valor de huír del mal, porque se piensa que ambas cosas son buenas. Ya no hay uso de conciencia moral para poder distinguir entre el bien y el mal. Y no nos damos cuenta que nuestra conciencia moral es nuestra arma más certera en esta vida, la única que nos puede acompañar por una senda de bien y de sentido común. Ojalá siempre.
ResponderEliminar:)...un saludo
Y con esa falta de ética tan constante, al final ni echas de menos de algo de lo que careces por pereza o comodidad. O simplemente por ignorar, de nuevo, por pereza o comodidad. Porque como decía el coronel Carlos Vara de Rey (otro ejemplo de verdadera honestidad): la cobardía no es el enemigo de la valentía, es el conformismo. Que es aceptar un discruso aunque sepas que es mentira e injusto, sólo porque así lo hace la mayoría.
ResponderEliminarPero eso, es lo que se lleva viendo desde los siglos de los siglos, gentes que se arrastran por las masas. Y desde las élites es lo que siempre se ha pretendido y cada vez a mayor escala; crear una responsabilidad colectiva, "el famoso bien común" u otros disparatajes 😅😂, con el único fin de engañarnos y así renunciemos a nuestra libertad y responsabilidad individual. Y con ello, nuestra felicidad, nuestro desarrollo en plenitud como seres humanos que deberíamos elegir libremente el bien antes que el mal. Y aprender a ser generosos, antes que egoístas. -Dicho por Carlos Vara. Y todo es así. Ni más, ni menos.
ResponderEliminarAsí que nuestro cometido, del mismo modo por los siglos de los siglos dando la vara, 😂😂 intentando hacer siempre el bien, siendo el rayo de luz y no el que juzga. Justo ayer viendo una de las películas de Jesús, algo de lo que dijo me hizo reflexionar y puede encajar muy bien en esto también. Era que a uno de los discípulos un ladrón le había robado el manto y Jesús le dijo que si le volvía a robar alguien, que le diese también su capa o lo que fuera. Y claro, no le llegaba a entender. Cuando Jesús le explicó que aquel que ya nada entre las tinieblas, no necesita que alguien le juzgue si no alguien que le de luz. Esto me hizo ver que nosotros debemos ser más inteligentes, en vez de juzgar a nuestros iguales como ellos quizá si que lo hagan con nosotros, ser más misericordiosos, respetuosos y compasivos. Porque tal y como dijo Jesús; el que nada entre tinieblas no necesita más oscuridad y linchamiento, por el contrario, necesitan ver alguien que rompa lo establecido, alguien que aporte un poco de bondad y de cordura a sus vidas. Y a pesar de no ser tomada en cuenta por quién sea, creer firmemente que amar al prójimo como a tí mismo es lo correcto. Y del mismo modo, amar y honrar a Dios por encima de todas las cosas, porque él es el único que sabe que es lo bueno para nosotros y que si así lo llevamos a cabo, ese será nuestro triunfo verdadero. El espectador siempre es él, los criterios humanos de poco sirven cuando estamos seguros de hacer lo correcto, aquí y en el cielo. Eso nos llevamos, ojalá que siempre :)
A trabajar duro!!! Que al final no es trabajar, al menos para mí. Es convertirse en alguien mejor, ya sólo hacerlo por uno mismo. Por ser más bondadoso y feliz. Y también con los que nos rodeen, aprender esa gran enseñanza que dijo Jesús. Amando al prójimo y amando al padre, creo que así será difícil que nos perdamos. Lo preocupante no será que nuestros iguales no nos entiendan o nos critiquen, lo preocupante será el no haber seguido los dictados de nuestro padre. Importante no dejarnos llevar por los primeros impulsos!!! Y escuchar siempre su voz y obrar con ello.
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