A pesar de todo...Feliz Navidad de nuevo

A pesar de todo... Feliz Navidad de nuevo.

Seré sincero, podría repetir palabra por palabra lo escrito el año pasado por estas fechas. Es difícil añadir algo más. Es la peor noticia: realmente nada ha cambiado, seguimos nadando en mentiras y supuestos que no tienen más fondo que lo puramente político.
Todo lo demás que atañe a la humanidad ha muerto por completo de cara a la luz pública de las cámaras y los micros. Más allá de que siguen tratando de dar una impresión de normalidad, anuncios y programas de televisión, anuncios dirigidos a una realidad que ya no existe. Es pura fachada. 

Esto no es lo importante. Nunca lo fue. Dejemos a los medios de comunicación, ahora ya totalmente subvencionados por fondos públicos, que sigan con su realidad paralela. Ya haremos balance. Toca pensar en cosas de verdad, en lo poco que queda de humanidad.
El mundo de hoy está muerto, como antaño también para la mayoría. Pero Cristo vino a salvar al mundo hace más de 2000 años, y de nuevo nos reunimos para celebrar esta buena noticia. Vino para salvarnos y nunca jamás se separará de nuestro lado, es el mayor milagro de amor en que la humanidad cree. 

Nació en un humilde portal, lo que hoy diríamos que es un trastero, entre pajas, pues no había sitio en ninguna posada. La llegada del hijo de Dios fue anunciada por ángeles a todos los humildes de corazón que quisieron recibir la nueva buena. Los profetas durante siglos hablaron de ello, pero difícilmente la mayoría quiso creerles, mas incluso los torturaron (Cristo no correría tampoco mejor suerte), pues su única realidad durante siglos fue el castigo físico contra el pueblo de la Alianza por infidelidad hacia Dios, que por soberbia pecaron y por soberbia negaron. Ni siquiera en entender que la salvación sería universal para todos los pueblos de la tierra, y no sólo para Israel, ni entender que la cosa no iba a ir de guerras, sino de la salvación del alma.
 
Y así como no entendieron las escrituras, tampoco las habrían de entender tiempo después. Pero las buenas gentes en la natividad dieron adoración a aquel pequeño nacido en un portal ante sus padres maravillados. Incluso aquellos misteriosos tres reyes de oriente, que tampoco habían oído hablar apenas de él, pero fueron en su busca. Los poderosos también quisieron en aquellos días, como Herodes, en tener conocimiento de ese extraño revuelo en las gentes. Más bien por afán de control que por predisposición a la fe. Y así que vendrían los celos contra el rey de reyes, contra un humilde niño, que llevaría al terrible infanticidio en Belén. Tristemente, sólo fue el principio. Próximamente volveremos a ello.

Hay semejanzas en nuestra vida cotidiana a este acontecimiento. Destacaría la clase de persona que abre el corazón a la revelación: más allá de querer creer, la humildad de escuchar, ver y sentir lo que es difícil de comprender de puro entendimiento. Sobrepasa la razón y la cruda y triste realidad. 
La humanidad en su mayoría siempre ha tendido a la soberbia y esto le cierra las puertas al entendimiento. Lo mismo para la ciencia que para la fe, la peor moda es aceptar hipótesis como dogmas de fe, y sin embargo pretender permanecer incrédulo e impasible ante las cosas del alma y el amor. Más allá de las razones que cada cual exponga para su justificación, no es coherente.

La mayoría de las personas que asistieron al nacimiento de Jesús ni tan siquiera sabían leer. La educación era muy limitada y pocos habían leído las escrituras, escuchadas quizás, como para encima entenderlas, la transmisión oral era aún fuente de saber mayoritaria. ¿Sabían realmente quien era? Una cosa está clara, aun para los que no crean, ese acontecimiento traspasó muchas realidades. Y hoy día sigue ocurriendo lo mismo. Forma parte de todos nosotros, aunque queramos negarlo. No seamos soberbios, pues uno de los mayores pensadores de la antigüedad pasó a la posteridad por reconocer que no sabía nada, de la inmensidad de lo absoluto y desconocido.
Por ello este día de Navidad, esta Nochebuena, es para todos.

No nos quedaremos aquí. Pues al igual que los judíos habrían de entender que la salvación habría de ser universal, realmente todos los pueblos de la tierra sufren de tribulación. El hijo de Dios se humilló hasta las últimas consecuencias desde su nacer, y ha de ser ejemplo de amor para todos. Hay mucha gente que sufre, no sólo en lo material, aún peor sufren otros en lo moral. No dejemos a nadie sólo en esta noche, ni en ninguna, a nadie que pase necesidad. Nunca seamos egoístas. Entreguemos nuestro amor al mundo, como Cristo se entregó en amor a todos. Seamos parte del amor de Dios, y no del veneno del mundo cruel material.

Por último, no celebramos ninguna fiesta, conmemoramos un nacimiento único. Eso es cosa de quienes en su vacío existencial tengan que inventarse cualquier cosa banal para creer, y que lejos de conformarse con ello, por tanto que saben que no se hacen felices ni a ellos mismos, pretenden que nadie tenga fe. No hagamos caso a los Herodes de ahora, no traen nada bueno. 
Por ello os decimos Feliz Navidad, de todo corazón, el niño Jesús de nuevo está aquí.







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