La hora de los gallinas, el momento de los valientes
La hora de los gallinas, el momento de los valientes
Hay pocas veces en la vida en donde nos juguemos la existencia.
Por desgracia en estos últimos años parece que la excepción sea norma.
Un absurdo que no parece tener fin. Y es delictivo el comportamiento,
de una serie de individuos que no parecen mostrar humanidad alguna.
El humanismo y toda la civilización en sí se enfrenta a una gran crisis.
Es el auténtico virus mortal, protegido por el miedo, odio y estupidez.
Este martes concluye otro circo político más. Elecciones. Fraude.
La mayoría de la política sigue quedando en evidencia. No son leales.
Algunos van de feministas, y se enfrentan en el lado opuesto a mujeres.
Insultan o apedrean al contrario y se disfrazan de víctimas. Miserables.
Irónico o cruelmente real. La mentira pura, de vanas promesas y engaños.
Una vez más se anteponen los intereses de casta a las realidades.
Cuan alejadas de la realidad, política y sociedad, medios de comunicación.
Aún peor la sanidad, en manos del interés económico de las farmacéuticas.
Médicos e investigadores vendidos, o cómplices de una corrupción total.
Es la hora de los gallinas, de los aprovechados de la política, de rendir cuentas.
Es el momento de los valientes, los que han estado luchando desde siempre,
en mil batallas, en todas las guerras que los gallinas provocaron por maldad.
No se debe generalizar, pues en medio de todo hay muchos que hacen,
lo que en su medida se les permiten, lo posible por ayudar a los demás.
Justo sería olvidar aquella estupidez de los aplausos, y de las mentiras.
Un homenaje acorde para todos, y todos los que de verdad han estado,
al pie del cañón, es empezar por evitar que las naciones se destruyan.
Garantizar el estado de derecho y libertad de verdad para todos.
Muchos van a rendir cuentas a partir de ahora, tras años de impunidad.
Por su soberbia y estupidez, que han llevado al poder a déspotas criminales.
Por su envidia y odio, que han roto vínculos y vidas, sin arreglo.
Por su ambición y codicia sin límites, sin respeto ni a la vida humana.
Por no atender a la verdad, hemos perdido años de lucha y progreso.
No va a gustar la solución, pero cuanto más se tarde, peor. A cualquier precio.
Mi deseo de que el espíritu de aquel 2 de Mayo, en que un pueblo se rebeló contra la traición de sus propios primates, vuelva y se imponga la voluntad de la toda la nación a las mentiras de esta secta-casta política de apesebrados fanáticos.

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