Democracia, la voluntad de nadie
Democracia, la voluntad de nadie
Quien diría que hace algunos años vivíamos en libertad,
lo natural era el respeto y la amistad. Ingenuidad,
pues ya había quien hacía proselitismo del falso recuerdo,
de una memoria interesadamente confeccionada para el hoy.
Era un aviso, no de lo que ellos lamentaban, sin vivirlo,
sino de su lado oscuro. La era de los traidores tiranos.
Una era en que parece que nada es lo que parece.
Asistimos hace nada a un espectáculo más del circo,
en que nos hemos convertido. Hipocresía pura.
Un puñado de personas sin piedad, con todo el apoyo mediático,
tratando de destrozar a la única voz que clamaba en el desierto.
Los trovadores ya son meros bufones al servicio del noble.
Hasta los amigos se traicionan, quien ayer te amaba,
hoy te recrimina por todo lo que él jamás ha sido.
Mentiras sobre mentiras, por puro complejo de inferioridad,
de envidia, de maldad, por ocultar la pobreza de alma propia.
Muchos borregos aplaudiendo, más es sabido que la plebe
compra el discurso más fácil. Mañana desaparecerán.
Y así que fue aplastada toda oposición a la barbarie.
Unos silenciados, aun luchan, Otros, traidores, comprados.
Mientras la aborregada aplaude aún, a pesar de la ruina.
Negocios que cierran, colas de hambre, luz que se desvanece,
de almas que se rindieron para siempre. Nunca volverán.
Ríos que se llenan de sangre inocente, mientras pocos ríen.
Encarcelados por decreto, por puro capricho y sin chistar.
Quien soñara que era cenicienta, ya puede despertarse.
Enfrentados unos contra otros, ya no ves en la calle
más que a posibles chivatos, borregos dispuestos a balar.
Perros que atacan a las ovejas en vez de guiarlas.
Campos sin abonar, bosques muertos, silencio lúgubre.
Democracia, eso que decían el gobierno del pueblo, falso.
Democracia, la voluntad de nadie. Sólo las élites en poder,
comprando voluntades y nutridas de los miserables del ayer.
Aplastan toda esperanza, pues necesitan de todo el mal.
No son consientes de que todo tendrá un final, triste.
Todo el polvo y el lodo termina en el mismo sitio.
Mañana vendrán las huestes que no vieron nacer la luz aquí.
Que nunca quisieron ni entender nuestro origen y pasado.
Terminarán de apagar las escasas luces que aún brillen,
para imponer la oscuridad de sus amos, los mismos tiranos,
que entre risas nos encarcelaron, por una falsa excusa.
Quien quiera salvar su vida, la perderá. Valiente, tu ganarás.
Ganará quien no se deje aplastar, ni se calle en medio de la nada.
Ganará quien no corrompa sus principios, por salvarse.
Ganará el trovador que no escuche la voz de su amo.
Perderá el traidor, pues sus amos no le pagarán como piensa.
Perderá el silencioso, pues morirá en silencio sin más.
Perderá el que no sepa mantenerse en pie, en el suelo de fango.
Un día llegará, por justicia, por gracia de Dios misericordioso,
la hora en que cada cual rendirá el bien que habite en él.
La hora en que nuestra nación vencerá de nuevo contra el mal.

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