La magia del capicúa
La magia del capicúa
Hay un cierto mito con la numerología. Acabamos de pasar el tan anunciado dos de febrero de 2020.
Obviamente, un día como otro cualquiera. Si, al menos ha sido domingo. ¿Pero recordará alguien éste día? No.
Como tampoco recuerda nadie el anterior 20 de febrero de 2002 ya hace casi 18 años. Se dice pronto.
La numerología es una especie de religión arcaica. Todo se explica con números. Hay fórmulas para expresar todo. Todo tiene una medida y una fórmula. Los matemáticos primitivos entendían su ciencia como una religión realmente.
Hoy en día sigue siendo fascinante para aquellas personas que no tienen otras perspectivas más allá de lo que ven sus ojos. Personas que sólo valoran lo material. La numerología lamentablemente es una falsedad que tampoco va más allá de lo material. Da una imagen mística pero lo cuantificable sólo es lo material.
La esencia no se puede expresar en números. El espíritu, el alma....escapan a toda esa mitología.
Pero no hay que extrañarse. En este mundo de hoy en día en que cada vez se valoran menos la ética y la moral, los sentimientos, la empatía social, no hay sitio para personas que no vean todo con la perspectiva de la posesión cuantificadora. De un utilitarismo barato. Incluso muchos de quienes aparentan hablar de sentimientos, de ética, de valores, de romanticismo, pues lo hacen con una intención carente de objetividad. No son más que expresiones de su propio ego que busca el aplauso fácil y el engaño de la aprobación ajena.
Caminamos hacia la dictadura del absurdo, y en ella los números, como todo, son barrotes de una celda de castigo. Presos en un mundo falso, incapaces de volar hacia la libertad del espíritu que necesita de esa soledad que pretendemos evitar, que no lo es, pues al volar se funde uno en la esencia del universo. Del espíritu que todo lo llena. Llámese Dios, o como se quiera.
La felicidad real está al alcance de unos pocos valientes.
Hay un cierto mito con la numerología. Acabamos de pasar el tan anunciado dos de febrero de 2020.
Obviamente, un día como otro cualquiera. Si, al menos ha sido domingo. ¿Pero recordará alguien éste día? No.
Como tampoco recuerda nadie el anterior 20 de febrero de 2002 ya hace casi 18 años. Se dice pronto.
La numerología es una especie de religión arcaica. Todo se explica con números. Hay fórmulas para expresar todo. Todo tiene una medida y una fórmula. Los matemáticos primitivos entendían su ciencia como una religión realmente.
Hoy en día sigue siendo fascinante para aquellas personas que no tienen otras perspectivas más allá de lo que ven sus ojos. Personas que sólo valoran lo material. La numerología lamentablemente es una falsedad que tampoco va más allá de lo material. Da una imagen mística pero lo cuantificable sólo es lo material.
La esencia no se puede expresar en números. El espíritu, el alma....escapan a toda esa mitología.
Pero no hay que extrañarse. En este mundo de hoy en día en que cada vez se valoran menos la ética y la moral, los sentimientos, la empatía social, no hay sitio para personas que no vean todo con la perspectiva de la posesión cuantificadora. De un utilitarismo barato. Incluso muchos de quienes aparentan hablar de sentimientos, de ética, de valores, de romanticismo, pues lo hacen con una intención carente de objetividad. No son más que expresiones de su propio ego que busca el aplauso fácil y el engaño de la aprobación ajena.
Caminamos hacia la dictadura del absurdo, y en ella los números, como todo, son barrotes de una celda de castigo. Presos en un mundo falso, incapaces de volar hacia la libertad del espíritu que necesita de esa soledad que pretendemos evitar, que no lo es, pues al volar se funde uno en la esencia del universo. Del espíritu que todo lo llena. Llámese Dios, o como se quiera.
La felicidad real está al alcance de unos pocos valientes.

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