Cáncer, la eterna lucha
Cáncer, la eterna lucha
Este 4 de febrero era el día dedicado a los pacientes con cáncer.
Se habla mucho y todos los días acerca de tal mal, pero pocos
llegan a ser conscientes de lo que significa sufrir un cáncer.
Digo bien, llegan a ser conscientes, porque "hay personas que padecen,
pero no sienten."
Más tarde pensé en esa frase. Esos pensamientos traspasaban este tema.
Erradicar un cáncer no es nada fácil. Es una carrera de fondo. Se lucha contra
un extraño ser vivo, no es como un virus ni como una infección. El cáncer
es incluso más resistente que uno mismo. Tampoco siente ni padece, como parte
del mundo que gira alrededor. El cáncer sólo tiene una meta: crecer.
Es la máxima expresión biológica del mal. Una representación exacta.
Personifica el afán egoísta de ambición desmedida a costa del prójimo.
La esclavitud del mundo, el caos desmedido, la falta de humanismo, inteligencia,
dedicada sólo a la destrucción. Sólo le guía su propio odio contra el otro.
¿Cómo se puede derrotar a un ser maligno que es más fuerte que uno?
La ciencia ha proporcionado distintas soluciones a cada caso. Pero en general,
el mal, perdón, el cáncer, se combate con daño. Con guerra, asumiendo el coste,
de los efectos colaterales en nuestro cuerpo. Pero poca opción queda.
Cuando un cáncer se revela como tal, dejando su etapa temprana de tumor,
sólo queda destruirlo, la victoria no tiene precio. Se trata de todo.
Cuando un tumor se puede extirpar, es que es un apátrida parásito que
parece conformarse con molestar. Lo mismo que pasa con las personas.
Sin embargo si la ambición les lleva a sobrepasar las líneas rojas del respeto,
a la vida, es cuando la naturaleza impone la victoria o muerte.
La naturaleza de la propia existencia, porque el triunfo del mal sólo supone muerte.
Cáncer, la eterna lucha. Pero hay muchos tipos de cánceres en nuestro mundo.
Hay muchos que son aceptados. Matan en silencio y con impunidad, hasta son defendidos.
Los odios y envidias facilitan su triunfo, al par que llegar a destruir naciones.
Se alimentan de falsas promesas fáciles de hedonismo y pereza, esclavizando.
Falsos ídolos, falsas ideologías, falsas vidas. Mueren por ver morir.
Cuando los seres humanos entiendan que en la soledad se haya su libertad,
en la compañía un revulsivo para crecer pensando recíprocamente;
cuando entiendan que no deben aceptar las ideas que les impongan,
que la comodidad supone la muerte, que el cáncer no descansa; quizás,
entiendan porqué han vivido infelices sin padecerlo ni sentirlo.
Este 4 de febrero era el día dedicado a los pacientes con cáncer.
Se habla mucho y todos los días acerca de tal mal, pero pocos
llegan a ser conscientes de lo que significa sufrir un cáncer.
Digo bien, llegan a ser conscientes, porque "hay personas que padecen,
pero no sienten."
Más tarde pensé en esa frase. Esos pensamientos traspasaban este tema.
Erradicar un cáncer no es nada fácil. Es una carrera de fondo. Se lucha contra
un extraño ser vivo, no es como un virus ni como una infección. El cáncer
es incluso más resistente que uno mismo. Tampoco siente ni padece, como parte
del mundo que gira alrededor. El cáncer sólo tiene una meta: crecer.
Es la máxima expresión biológica del mal. Una representación exacta.
Personifica el afán egoísta de ambición desmedida a costa del prójimo.
La esclavitud del mundo, el caos desmedido, la falta de humanismo, inteligencia,
dedicada sólo a la destrucción. Sólo le guía su propio odio contra el otro.
¿Cómo se puede derrotar a un ser maligno que es más fuerte que uno?
La ciencia ha proporcionado distintas soluciones a cada caso. Pero en general,
el mal, perdón, el cáncer, se combate con daño. Con guerra, asumiendo el coste,
de los efectos colaterales en nuestro cuerpo. Pero poca opción queda.
Cuando un cáncer se revela como tal, dejando su etapa temprana de tumor,
sólo queda destruirlo, la victoria no tiene precio. Se trata de todo.
Cuando un tumor se puede extirpar, es que es un apátrida parásito que
parece conformarse con molestar. Lo mismo que pasa con las personas.
Sin embargo si la ambición les lleva a sobrepasar las líneas rojas del respeto,
a la vida, es cuando la naturaleza impone la victoria o muerte.
La naturaleza de la propia existencia, porque el triunfo del mal sólo supone muerte.
Cáncer, la eterna lucha. Pero hay muchos tipos de cánceres en nuestro mundo.
Hay muchos que son aceptados. Matan en silencio y con impunidad, hasta son defendidos.
Los odios y envidias facilitan su triunfo, al par que llegar a destruir naciones.
Se alimentan de falsas promesas fáciles de hedonismo y pereza, esclavizando.
Falsos ídolos, falsas ideologías, falsas vidas. Mueren por ver morir.
Cuando los seres humanos entiendan que en la soledad se haya su libertad,
en la compañía un revulsivo para crecer pensando recíprocamente;
cuando entiendan que no deben aceptar las ideas que les impongan,
que la comodidad supone la muerte, que el cáncer no descansa; quizás,
entiendan porqué han vivido infelices sin padecerlo ni sentirlo.

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