Una historia de navidad

Una historia de navidad

Esta es una historia basada en un hecho real de hace muchos años.
Corría un lejano y frío 24 de diciembre, en Madrid, en plena vorágine navideña. Todos se afanaban en ultimar sus compras previas a nochebuena, colas y más colas de hormigas enloquecidas por el afán consumista. Aún a pesar de las noticias no especialmente favorables en lo económico, había dinero aún de sobra en los bolsillos del contribuyente medio español. Todo marchaba como siempre e iba a ser otra navidad más celebrada por todo lo alto.

Mientras, una extraña pareja de desconocidos vino a la capital desde un lejano pueblo extremeño. Quizás no había nada anormal en que reparar, unos más a sumarse a la marabunta. Sin embargo, había en qué reparar: ella estaba esperando un bebé, y próxima se hallaba, de lo que ellos pensaban. Caía la noche y trataron de buscar alojamiento en la abarrotada capital. "Está completo", era la respuesta recurrente que recibían los anónimos protagonistas de esta historia. Buscaron hoteles, hostales, pensiones... Nada. No había ni un hueco. Cada vez hacía más frío y la mujer estaba más agotada. Su bebe se estaba agitando dentro de su vientre. Había que buscar algo, y rápido. No había tiempo para irse a algún pueblo de las afueras.

Desesperadamente, pidieron asilo en cualquier casa. Les denegaron, rechazaron, humillaron...en general, algo muy propio de estas fechas, que se habían vuelto tan sumamente hipócritas. ¿Qué fueron de aquellos tiempos de necesidad en que se desató la heroica solidaridad del pueblo español, cuando había carestía? Ya parece que se habían olvidado de todo aquello, sumados en una era de prosperidad y progreso (ahora tienen el atrevimiento de negar incluso eso).
En medio de tan desaforada situación se encontraron con un amable señor que estaba cerrando la puerta de su local. Era un impresor que se marchaba a su casa. Se abalanzaron sobre él y le pidieron ayuda, el hombre ni corto ni perezoso volvió abrir la puerta y les acompañó dentro. Buscó un colchón y trató de adecentar el sitio para que al menos la mujer pudiera reposar. En eso que de pronto rompe aguas, y con fuertes dolores y contracciones, no podía ya ir al hospital. El buen hombre llamó para pedir ayuda, y se prestó para preparar el lugar del parto. Cuando llegaron las asistencias no se podían creer la escena, era ya casi medianoche, y en pocas horas la mujer iba a dar a luz. Justo al comienzo del día de Navidad. Parecía un dejavú. Un precioso niño venía al mundo en un humilde local.

La hipocresía iba en aumento. Los medios se hicieron eco del suceso, y así los padres volvieron tiempo después a su tierra, tan rápido que se olvidó, no ya el hecho en sí, sino que todos aquellos que negaron su ayuda a la ya ahora familia, los mismos que se sorprendían del suceso, los mismos que después volverían a su miseria social de siempre. No sería ésta la única historia de navidad, este hecho se volvió a repetir en varias ocasiones en diversos lugares, y hablamos de sólo nochebuena.

Quiero recordaros el porqué de la llegada del niño Jesús a este mundo y del porqué se celebra este día. Fue por la hermosa generosidad de Dios a la humanidad, porque todos nosotros lo necesitábamos, porque muchos lo rogaban, que envió a su hijo amado en un intento de salvarnos de nosotros mismos, de nuestra siniestra maldad ya natural. No se puede pretender nada, quien quiera que crea, y supongo que habrá mucho en que creer, pero quien no crea que no pretenda crear nada bueno. Porque del corazón del hombre (persona, vaya) que no cree en el bien solo puede salir maldad y podredumbre.

No le pidáis milagros a quien solo cree en una vida caduca. No pidáis paz para un país en que pocos creen de corazón y menos aún están dispuestos ya a defenderlo aun sabiendo que nadie recibió más que castigo por ello, sin egoísmos ni fanatismos los cuales sólo crean desunión y dolor. Es lo que tienen algunas cosas bellas, como las rosas, espinas, que dañan a quienes las toman. Los que se limiten a saborear su olor, no merecen pertenecerles.


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