Flor en bosque quemado

Flor en bosque quemado

En el filo del alba, entre sombras fúnebres,
se hallaba lo antes fue un vergel, un remanso.
Era un bosque hermoso, lleno de vida y paz.
Hogar de tantos seres inocentes que no están.
Hogar de sueños e imaginación de poetas.
¿Por qué tuvo que destruirse todo?¿Por qué?
Tanta iniquidad, estupidez, tiranía,
de ciertos seres mal llamados inteligentes.

Cuan fue la insensatez de quien, inconscientemente,
hizo brotar llama, llama consumidora de luz.
Una llama asesina, cruel, despiadada que borra todo.
Más el fuego tiene alma, pero no culpa. Sólo consume.
El asesino es quien despertó aquella llama.
En otras partes, es una sierra desnuda quien hiere,
de muerte, el pulmón del mundo. Sin piedad.
La ambición no tiene límites, ni ojos puros.

Más si es verdad que el hombre siempre necesitó,
ante la debilidad y desnudez de su ser,
de cobijo, de materia viva para sostenerse,
cuando obligado descanso ha de dar.
Más el defecto tiene de abusar de quien le aporta,
sin pensar en las consecuencias de sus actos.
Sin pensar en que un día no podrá recoger frutos.
En vez de caminar lento, vuela atropellado.

Ahora, otros tanto peor todavía, hacen fortuna,
de llamarse hijos de la tierra y denunciar, si,
pero vanamente. La verdad muere ahogada igual.
Pero, en medio de ese sombrío bosque, algo,
brilla, una extraña presencia del pasado.
Es una rosa, por extraño que parezca, vive.
Entre las cenizas siempre cabe esperanza.

Flor en bosque quemado, esperanza viva.
En la vida vagamos dando tumbos, sin mirar el sol,
¿Por qué ha querido esta rosa emerger?
Para enseñarnos sus espinas también. Es bella,
pero a sus espinas le debe la existencia.
Igualmente hay personas como esa rosa. Bellas.
De carácter. Fuertes. Ásperas para el mundo.
No te engañes. Esas sí merecen la vida.


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