Cerca y lejos

Cerca y lejos

Tiempos de prisas y ajetreo. Tiempos de brevedad, dinamismo, relativismo.
Tiempos en que nada es igual, y al mismo tiempo nada cambia.
Porque... ¿acaso el sol deja de ponerse todos los días? No, y si.
Los seres humanos siempre seremos igual. Nacemos, crecemos, nos relacionamos.
En nuestro ser subyace la necesidad de interconectarnos. De pertenecer a un grupo.

La tecnología nos ha dado armas novedosas de comunicación. Ahora es posible que dos personas,
separadas por mares, se comuniquen al instante, incluso con vídeo. 
Las redes sociales permiten comunicarse a millones de personas al unísono.
La tecnología nos acerca, y nos aleja. Aleja de nosotros mismos. De lo que somos.
¿Acaso somos animales nacidos para vivir a través de una máquina?

Cerca y lejos. Ironías, de cómo alguien puede estar a leguas de distancia y sentirse cerca, 
mientras ignoramos a quienes tenemos al lado. Incluso a seres queridos, ignorados.
¡Pero ay cruel realidad! Cuando falta ese contacto físico, la distancia mata. Mueren ambos.

¿Acaso esto será así por siempre? Tampoco. Las aguas siempre vuelven a su cauce.
Antaño, años hace, no muchos claro pues en este mundo un año es eterno, la gente se volcó,
más que ahora, con las redes sociales. Era la novedad, el rayo de luz, la estrella fugaz.
Nos gusta, nos mueve lo nuevo. Siempre hay entusiasmo. Pero muere al tiempo.
La mayoría vuelve a su vida como siempre. En sus círculos de siempre, cercanos.

Pero, ¿y que pasa con aquellos infelices que hipotecaron su vida al amparo de las redes sociales?
Han perdido público, y seguidores. Son menos, y los que habitan, figuran menos.
Perfiles fantasma, espectros de recuerdos de otras épocas, que ya no volverán.
Amigos que se marcharon, amores que murieron. Como en la vida real, pero sin contacto.
No van a estar para decirles ahora que afronten su soledad. Ya tienen bastante con la suya.

Cerca y lejos, la amistad y el amor mueren a la sombra del teléfono, ahora más inteligente, 
pero igual de cruel, o más. Las aguas como la gente, acaban transcurriendo por su sitio.
Acaban volviendo al contacto, a los círculos cercanos. Y quien no, de desengaño muere...

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